Hace mucho tiempo las mujeres como yo aprendimos que reír era una manera de llorar, confundimos llanto con risa al igual que un daltónico confunde los colores, el sufrimiento del alma esta muy dentro, tan dentro que no sabemos la causa y no nos queda otra solución que reír, escondiendo a los ojos de los demás, los recovecos del alma.
Mis ojos marchitos ya de llorar y mis labios partidos por la risa, ya no saben como ocultar el dolor, y para esto no vale el olvido, sufres cada minuto, cada segundo que te arde en la piel como acero al rojo vivo, miras tus manos impotente queriendo apartar todo lo que te hace daño, pero no puedes, tu alma a pesar de estar rota sabes que se esta rompiendo mas, como juguete infantil que se va cuarteando hasta su destrucción.
Tengo 22 años y he sufrido mucho, mas que algunos que me doblan la edad y no me importa, hay gente que esta predestinada al dolor, como un talento o un don, cual macabro violonchelista que pulsando las notas va dejando un reguero de sangre en las cuerdas y consigue una melodía deforme y atormentada.
Hace tiempo se perdieron las preguntas en el aire, ¿Por qué a mí? ¿Cuándo finalizara? Y la más importante de todas ¿Por qué a mi, que hice yo para merecerlo?, nunca he llegado a conocer la respuesta, me limito a aguantar y a dejar que me arrastre la oscuridad hasta las simas mas recónditas de la conciencia donde nada es lo que parece y el dolor toma otra mascara que se hace mas llevadera, que la que lleva en la actualidad.
Pero yo aguanto cual forzado, a veces quiero huir, suicidarme para escapar, pero la realidad me apresa y no puedo, las mismas cadenas que me matan lentamente me lo impiden.